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Las aspiraciones llevan a una vida mejor
Por Ann Therese Palmer Colaboradora Chicago Tribune
Chicago -- Cuando trabajaba en el Hospital Northwestern Memorial como técnico de Rayos X, Pedro DeJesús tuvo la oportunidad de estudiar de cerca a los médicos y a los administradores.

"Ahí fue que me di cuenta de que podía aspirar a algo más y ser un profesional”, dijo DeJesús, cuyos padres eran obreros de fábrica en Humboldt Park.

Para financiar los estudios, "decidí irme a lugar donde se hacía dinero, la Bolsa Mercantil de Chicago”, donde DeJesús tocó puertas de cuanta empresa de corretaje de acciones encontró, en orden alfabético, hasta que consiguió un trabajo en Gerald Securities.

"En vez de darme un formulario, uno de los corredores salió y platicamos”, recuerda DeJesús. "Me dijo que él había hecho lo mismo para conseguir su primer empleo y me dio una oportunidad como mensajero”.

Durante más de un año, DeJesús trabajó siete horas diarias en el Merc además de su turno de ocho horas en el hospital.

"Era agotador, pero yo estaba convencido de que daría resultado”, dijo. "Cuando Gerald se expandió al año siguiente, me ascendieron y dejé el hospital. Con el tiempo, logré valerme de ese puesto para conseguir otro en Oppenheimer y luego usé esa oportunidad para volver a estudiar”.

Ahora, a los 41 años de edad, DeJesús es asesor general y vicepresidente sénior Tampico Beverages, con sede en Chicago, el mayor fabricante de bebidas refrigeradas a base de jugos.

¿Por qué estudiaste derecho?

Cuando estaba en Oppenheimer, la oficina cerró de repente. La gente que estaba allí, con salarios por lo alto de seis dígitos, pero que no tenían una educación formal, se quedó en blanco, sin facultades que pudieran trasladar a otro lugar. No quería verme en esa situación. Decidí que un diploma en derecho me daría la mayor flexibilidad porque las facultades se pueden trasladar a un bufete legal u otra compañía.

Cuando comenzaste en la escuela de derecho, ¿qué visualizabas que harías después de graduarte?

Quería ser abogado de intereses públicos. Pero entonces, al principio de mi segundo año, leí un artículo sobre Rubén Castillo, el primer hispano designado al tribunal del distrito federal de aquí. La historia me impresionó. Él también se graduó de Northwestern. Lo llamé y le dejé un recado en el contestador, pidiéndole una reunión. Estuvo una hora conmigo, durante la cual me dio grandes consejos.

¿Cuáles fueron esos consejos?

Aunque yo quería ser abogado de intereses públicos, él me instó a considerar un trabajo con un bufete legal grande, al menos por un año. Si no lo hacía, la gente asumiría que fue porque no era capaz de hacerlo. Me explicó que las grandes firmas hacen proyectos pro bono, de manera que no estaría sacrificando mis metas pro intereses públicos. Seguí sus consejos. Estaba en lo cierto.

¿Cuál empleo te preparó mejor para lo que haces hoy en día?

Cuando me sumé a Juritas, una empresa nueva de servicios legales técnicos, nadie podía entender por qué dejaba una firma establecida por una que empezaba. Calculé que si iba a correr un riesgo, mejor sería hacerlo al principio de mi carrera. Siempre podría regresar a una empresa grande si no daba resultado. En Juritas, vi el ciclo comercial completo, de principio a fin, porque fue abajo con el desplome de la Internet. Aprendí cómo piensan los inversionistas, cómo las empresas establecidas reaccionan a las nuevas ideas.

¿Por qué es eso importante?

En Tampico, tengo que tomar decisiones difíciles acerca de impulsar el negocio hacia delante a la vez que se balancean las cuestiones legales. Uno no quiere estar en el departamento que entorpece los negocios, poniéndole la retranca a todo. Una gran parte de mi trabajo es calcular dónde hay que correr riesgos.