¡Salud! Por la moratoria
24 de julio, 2008
Cómo disfrutamos de nuestros gorditos amantes de la comida chatarra. Nos parecen tan simpáticos verlos que van sacando la lengua cuando a puras penas caminan por las calles con sus flojos y gruesos cuerpos envueltos en múltiples capas de manteca, de esa misma que contribuye a la rápida llegada de las arterias obstruidas o del diagnóstico de la diabetes. Y cómo les celebramos casi al punto de ovacionarlos cuando, alentados por el deseo de que coman más, les llenamos la pansita de hamburguesas, papitas fritas, y gaseosas, hasta que los vemos ahogándose con el último bocado, ese que siempre baja con la última gota del Coca o de horchata que tiene el vaso. Y los adultos (los que son inconcientes e ignoran el pobre valor nutritivo con lo que los alimentan) todavía los premian con un deleitoso sorbete o un suculento postre cargado de carbohidratos y calorías para cerrar con broche de oro el ritual del almuerzo o la cena, no sin antes pedirles que se chupen los dedos.
Lo hacen por varias razones. La primera es porque la comida chatarra además de ser rica y deliciosa, es barata, y también deduzco que es extremadamente accesible. Me atrevo a garantizarle que quizás desde donde usted está en este momento se encuentra muy cerca, o incluso, tiene a la vista un restaurante de comida rápida.
Para Jan Perry, concejal del distrito 9 de la ciudad de Los Ángeles, esa accesibilidad a estos comedores es un gran problema en el área que ella representa, donde según un análisis hecho el año pasado por el periódico Los Angeles Times el lugar está invadido con estos establecimientos. Y qué casualidad que la zona a la responsabilidad de Perry está ubicada en el sur de la municipalidad, la parte más pobre y deprimida de la ciudad económicamente hablando, donde de los cerca de 8,200 restaurantes que hoy operan en Los Ángeles, el Sur de la ciudad tiene la concentración más alta de restaurantes de comida chatarra.
Luego de un estudio hecho en el mes de abril por el Departamento de Salud Pública del condado donde se demostró que el 30% de los adultos en el área son obesos, comparados con el 21% en todo el condado, la concejal Perry se puso a atar cabos y teorizó que esta singularidad 'del Sur' está directamente entrelazada, porque además la investigación del condado descubrió que el Sur de los Ángeles tiene otra distinción, la incidencia más alta de casos de diabetes, el 11.7%, comparado con el 8.1% a nivel condado.
Ante tan alarmante estadística, la representante decidió someter una ordenanza municipal que impondría una moratoria de por lo menos un año para prevenir que las grandes cadenas de restaurantes de comida chatarra abran nuevos establecimientos en un área de 32 millas cuadradas en el sur de Los Ángeles, que incluye las comunidades de West Adams, Baldwin Village y Leimert Park. De ser aprobada, dicho plazo estaría en efecto por un año, con la posibilidad de implementar dos extensiones de seis meses cada una.
La propuesta empezó a palpitar este pasado martes cuando un comité del concejo de la ciudad apoyó unánimemente la medida. Con este respaldo, la moción pasará a votación por el concejo entero, y si la mayoría la aprueba, será el alcalde quien deberá firmarla para que sea ley.
Habrá quienes se oponen a esta brillante propuesta, argumentando que cada quien escoge lo que se le antoja comer y que nadie les pone una pistola en la cabeza para obligarlos a elegir su nutrición, sea ésta beneficiosa y nociva para el cuerpo. Por otro lado, ponerle un paro a estos negocios dirían algunos que eliminaría algunas posibles fuentes de trabajo. Sin embargo, egoístamente ellos no toman en cuenta que no toda la población está al tanto de lo que es saludable o perjudicial, a pesar de toda la diseminación de datos sobre lo que es una buena alimentación. Sospecho que esa difusión informativa se pierde entre tanta publicidad atractiva y comercial que nos bombardea todos los días.
No me diga usted que en más de una ocasión no se le ha hecho agua la boca y se le ha antojado salir corriendo por un combo extra-grande al ver una irresistible imagen de un rico filete picado, o una pechuga frita de pollo, jugoso y crujiente. Es más, algunas fotografías pueden ser tan poderosas, que de un impulso sale corriendo a su restaurante de comida chatarra favorito a calmar el deseo, aunque usted sepa que puede ser dañino a su salud.
Jan Perry no está pidiendo que entre todos le bajen el cielo y las estrellas. Solo ofrece aportar un poco de lo que ella considera es sano para su comunidad. Y si con su propuesta puede mejorar la salud y la vida de quienes ella representa por qué no permitírselo. Después de todo para eso elegimos a nuestros políticos al cargo que tienen.
Lo hacen por varias razones. La primera es porque la comida chatarra además de ser rica y deliciosa, es barata, y también deduzco que es extremadamente accesible. Me atrevo a garantizarle que quizás desde donde usted está en este momento se encuentra muy cerca, o incluso, tiene a la vista un restaurante de comida rápida.
Para Jan Perry, concejal del distrito 9 de la ciudad de Los Ángeles, esa accesibilidad a estos comedores es un gran problema en el área que ella representa, donde según un análisis hecho el año pasado por el periódico Los Angeles Times el lugar está invadido con estos establecimientos. Y qué casualidad que la zona a la responsabilidad de Perry está ubicada en el sur de la municipalidad, la parte más pobre y deprimida de la ciudad económicamente hablando, donde de los cerca de 8,200 restaurantes que hoy operan en Los Ángeles, el Sur de la ciudad tiene la concentración más alta de restaurantes de comida chatarra.
Luego de un estudio hecho en el mes de abril por el Departamento de Salud Pública del condado donde se demostró que el 30% de los adultos en el área son obesos, comparados con el 21% en todo el condado, la concejal Perry se puso a atar cabos y teorizó que esta singularidad 'del Sur' está directamente entrelazada, porque además la investigación del condado descubrió que el Sur de los Ángeles tiene otra distinción, la incidencia más alta de casos de diabetes, el 11.7%, comparado con el 8.1% a nivel condado.
Ante tan alarmante estadística, la representante decidió someter una ordenanza municipal que impondría una moratoria de por lo menos un año para prevenir que las grandes cadenas de restaurantes de comida chatarra abran nuevos establecimientos en un área de 32 millas cuadradas en el sur de Los Ángeles, que incluye las comunidades de West Adams, Baldwin Village y Leimert Park. De ser aprobada, dicho plazo estaría en efecto por un año, con la posibilidad de implementar dos extensiones de seis meses cada una.
La propuesta empezó a palpitar este pasado martes cuando un comité del concejo de la ciudad apoyó unánimemente la medida. Con este respaldo, la moción pasará a votación por el concejo entero, y si la mayoría la aprueba, será el alcalde quien deberá firmarla para que sea ley.
Habrá quienes se oponen a esta brillante propuesta, argumentando que cada quien escoge lo que se le antoja comer y que nadie les pone una pistola en la cabeza para obligarlos a elegir su nutrición, sea ésta beneficiosa y nociva para el cuerpo. Por otro lado, ponerle un paro a estos negocios dirían algunos que eliminaría algunas posibles fuentes de trabajo. Sin embargo, egoístamente ellos no toman en cuenta que no toda la población está al tanto de lo que es saludable o perjudicial, a pesar de toda la diseminación de datos sobre lo que es una buena alimentación. Sospecho que esa difusión informativa se pierde entre tanta publicidad atractiva y comercial que nos bombardea todos los días.
No me diga usted que en más de una ocasión no se le ha hecho agua la boca y se le ha antojado salir corriendo por un combo extra-grande al ver una irresistible imagen de un rico filete picado, o una pechuga frita de pollo, jugoso y crujiente. Es más, algunas fotografías pueden ser tan poderosas, que de un impulso sale corriendo a su restaurante de comida chatarra favorito a calmar el deseo, aunque usted sepa que puede ser dañino a su salud.
Jan Perry no está pidiendo que entre todos le bajen el cielo y las estrellas. Solo ofrece aportar un poco de lo que ella considera es sano para su comunidad. Y si con su propuesta puede mejorar la salud y la vida de quienes ella representa por qué no permitírselo. Después de todo para eso elegimos a nuestros políticos al cargo que tienen.
